Los rasgos de personalidad se consideran patrones estables de pensar, sentir y actuar que no están centrados en un solo aspecto de la personalidad
Un trastorno de la personalidad supone una variante de estos rasgos de carácter que van más allá de los que normalmente presentan la mayoría de las personas. Sólo cuando los rasgos de personalidad son inflexibles y desadaptativos y causan un deterioro funcional significativo, o bien un malestar subjetivo, constituyen un trastorno de la personalidad y según el DSM IV deben cumplir una serie de criterios para su diagnóstico.