Las recaídas son experimentadas como una pérdida absoluta de control y como una agresión directa a la autoestima y autoeficacia. Sin embargo, no debe ser considerada como un fracaso terapéutico sino como un acontecimiento que proporciona una oportunidad de aprendizaje como así también de profundizar cambios en el proceso de rehabilitación y a fortalecerse.
Si se produce una recaída ésta debe ser detectada y tratada cuanto antes para minimizar sus consecuencias. Por ello ante una recaída la indicación de ingreso es inmediata.