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Trastornos Psiquiátricos y Psicológicos

Problemas y Ansiedad. Factores estresantes

Fue un filósofo quién afirmó que la ansiedad es la palanca que mueve el mundo. Y si lo pensamos un poco no cabe duda que es una verdad como un templo. Luego veremos por qué.

La ansiedad es ese sentimiento de desasosiego, de preocupación, de intranquilidad, que se suele manifestar a la vez físicamente como la sensación de tener un nudo en el estómago o en la garganta, o que falta el aire y no podemos respirar bien, con lo que se aumenta el ritmo respiratorio y se agrava la ansiedad. También puede manifestarse de otras formas y producir enfermedades mentales como las adicciones o las depresiones, así como muchas enfermedades orgánicas en caso de que la ansiedad se cronifique  o no se resuelva. Por lo tanto es evidente que  la ansiedad es una respuesta psico-física realmente difícil de soportar cuando es muy intensa.

Pero ¿por qué tenemos ansiedad?, ¿para qué sirve?. Muy sencillo: la ansiedad es la respuesta al estrés. Definamos pues lo qué es el estrés: en primer lugar que quede claro que el estrés no es una enfermedad que se tiene, si no una situación que se sufre y que provoca una reacción de ansiedad. Se llaman estresores esos elementos capaces de producir dicha reacción. A continuación veremos dos escalas de estresores, una para adultos y otra para niños y adolescentes, que son las que utilizamos en psiquiatría para establecer el diagnóstico de cada paciente


SEVERIDAD DE ESTRESORES PSICOSOCIALES (DSM IV)
ESCALA PARA ADULTOS (Con ejemplos de estresores)

Cod. Nombre Eventos Agudos Situaciones duraderas
1. Ninguno Ningún evento agudo asociado al trastorno. Ninguna situación asociada al trastorno.
2. Medio Ruptura de una amistad.
Inicio o graduación escolar.
Hijo que abandona el hogar.
Problema familiar.
Insatisfacción laboral.
Residencia en vecindario de gran riesgo delictivo.
3. Moderado Matrimonio.
Separación conyugal.
Pérdida del trabajo
Conflicto conyugal.
Problemas financieros serios.
Problemas con el jefe.
Rol paterno sin pareja.
4. Severo Divorcio.
Nacimiento de un hijo.
Desempleo.
Pobreza.
5. Extremo Muerte del cónyuge.
Diagnóstico de enfermedad física seria.
Enfermedad crónica severa.
Víctima de abuso físico o sexual.
6. Catastrófico Muerte de un hijo.
Suicidio del cónyuge.
Desastre natural devastador.
Cautiverio.
Experiencia en campo de concentración

SEVERIDAD DE ESTRESORES PSICOSOCIALES (DSM IV)
ESCALA PARA NIÑOS Y ADOLESCENTES (con ejemplos de estresores)

Cod. Nombre Eventos Agudos Situaciones duraderas
1. Ninguno Ningún evento agudo asociado al trastorno. Ninguna situación asociada al trastorno.
2. Medio Ruptura de amistad.
Cambio de colegio..
Problema familiar.
3. Moderado Expulsión escolar.
Nacimiento de un hermano.
Enfermedad incapacitante de un padre.
Discordia parental crónica.
4. Severo Divorcio de los padres. Hostilidad o rechazo de los padres.
Enfermedad crónica de grave amenaza a la vida de un padre.
5. Extremo Abuso sexual o físico.
Muerte de un padre.
Abuso sexual o físico recurrente.
6. Catastrófico Muerte de ambos padres. Enfermedad crónica, de grave amenaza a la vida.

Observamos en estos cuadros que los estresores o situaciones estresantes pueden ser puntuales o continuadas. Desde luego, por mucha resistencia o capacidad de respuesta o reacción que tenga una persona siempre pueden haber situaciones insuperables que provocarán la entrada en una adicción o el colapso vital que es la depresión. Pero a estos acontecimientos vitales más o menos traumáticos que son los estresores y que generan esas respuestas ansiosas también podemos llamarles problemas.

Un problema es un conflicto. Un conflicto es una contradicción, es una oposición entre dos contrarios, es una lucha o tensión que requiere una solución. Conflicto es oposición, lucha entre partes, roces y desgastes de las mismas. El conflicto deja de existir cuando desaparece la tensión. Una imagen de lo que es un conflicto puede ser la del arquero que tensa la cuerda antes de soltar la flecha. O bien dispara o bien afloja, pero no puede mantenerse mucho tiempo en tensión por que su musculatura tiene un límite. Los conflictos que habitualmente tenemos son de dos tipos: interiores o exteriores.

Los interiores tienen que ver solamente con nuestro mundo interior, fundamentalmente con nuestra manera de pensar. Conflicto frecuentes de este tipo son, por ejemplo, soy bajo y me gustaría ser alto, soy pobre y me gustaría ser rico, soy hombre y me gustaría ser mujer, estoy enfermo y me gustaría no estarlo, soy adicto y me gustaría no serlo. Estos conflictos interiores pueden ser más o menos conscientes y muchas veces se requiere ayuda terapéutica para resolverlos. La otra gama de conflictos son entre el individuo y el mundo exterior. Aquí entra todo el conjunto de situaciones de carácter amenazante que pueden venir desde afuera. Pues bien, los conflictos, por definición, son generadores de ansiedad, y la ansiedad sólo desaparece si se resuelve -o desaparece- la situación conflictiva.

La ansiedad es la palanca que mueve el mundo porque nos obliga a enfrentar y resolver nuestros problemas. Cuando no se hace así, por incapacidad de resolverlos o por no saber identificarlos o por que los problemas sobrepasan nuestra capacidad de afrontamiento, entonces la ansiedad deja de ser un mecanismo normal del ser humano y se convierte en una enfermedad en si misma. La ansiedad sólo puede ser mitigada por los ansiolíticos, siendo los más usados los derivados de las benzodiazepinas (VALIUM, TRANXILIUM, ORFIDAL, TRANKIMAZIN, SEDOTIME, MYOLASTAN, DORKEN, ETC.), que suelen ser recetadas por los médicos, aunque cada vez es más frecuente su venta en el mercado negro (un antiguo paciente nos decía que tomar estos medicamentos era como masticar alcohol generando la adicción a pastillas). Pero el mejor ansiolítico que usa el hombre desde tiempo inmemorial es el alcohol.

Es además el más extendido mundialmente y el más barato. Solo bebiendo o tomando tranquilizantes o drogas similares puede el hombre aplazar sus problemas y puede dormir, lo malo es que al día siguiente los problemas continúan y se van acumulando y agravando, de tal modo que cuando se inicia el tratamiento es cierto que generalmente se tienen encima un montón de problemas que hay que afrontar. Pero este afrontamiento debe hacerse poco a poco y sin agobios. Para ello lo primero que hay que hacer es ordenarlos por orden de importancia, y este orden es el de la escala de prioridades señalada antes: los más graves son los de salud, luego los económicos y luego los familiares. Luego viene lo más difícil, que es diferenciar entre los dos grandes grupos de problemas: los que tienen solución y los que no la tienen. Aquí podemos recordar una antigua oración que recitan en AA sistemáticamente y que es útil para apreciar estas diferencias. Le llaman la Oración de la Serenidad y es la siguiente:
"Dios: concédeme Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, Valor para cambiar aquellas que puedo y Sabiduría para reconocer la diferencia".

Dicho de otra manera significa que hay que dedicarse a fondo y sin miedo para resolver los problemas que tienen solución, hay que resignarse ante los que no la tienen y aprender a "pasar página", pero lo fundamental es saber cuáles son unos y otros. Para esto último es muy importante el grupo terapéutico ya que es una oportunidad única de hablar con sinceridad en un grupo heterogéneo de personas, donde la regla básica es la ayuda mutua, de los problemas que a cada uno les preocupa. Puede ocurrir que muchas veces el problema no sea percibido por el enfermo, que sólo nota la ansiedad que está sufriendo y es el terapeuta el que debe conducir esta verbalización hacia una posible identificación del problema con la ayuda del grupo. En este sentido podemos considerar que la ansiedad es un síntoma parecido a la fiebre. Está claro que ante un caso de fiebre podemos dar un antitérmico para bajarla, pero lo importante es identificar la causa que la produce y tratarla. Lo mismo con la ansiedad. Si es muy fuerte, en un principio los ansiolíticos pueden ser de gran ayuda, pero lo importante es identificar los conflictos que están debajo. Una vez que se identifica el problema vamos al siguiente paso que es su planteamiento de una forma sencilla e inteligible para todos. En este momento es cuando muchos compañeros expresan sus opiniones o recuerdan experiencias parecidas. Entonces van surgiendo distintas soluciones posibles. La discusión, moderada por el terapeuta, termina concluyendo, generalmente con la opinión mayoritaria del grupo, con la que parece la más adecuada. Posteriormente, cuando el paciente quiera, después de haberlo reflexionado o de haber aclarado sus dudas con su terapeuta, el paciente toma la decisión y asume su responsabilidad.