El alcohol es la droga occidental más difundida. En España se calcula que el número de alcohólicos se aproxima a los 4.000.000, de los que sólo unos 4.000 siguen un tratamiento. A pesar de su popularidad, el alcohol produce un daño social muy superior al de todas las demás drogas juntas.
Precisamente, dada su aceptación social y a diferencia de otras drogas, por regla general el alcohólico niega su adicción y no tiene conciencia de su enfermedad. Resulta habitual que un alcohólico consuma alcohol indiscriminadamente durante toda su vida, terminando sus días de forma trágica a causa de un accidente o de enfermedades vinculadas al alcoholismo como cirrosis o pancreatitis.
También ocurre frecuentemente que el alcohólico confunde su adicción con un estado depresivo, al verse envuelto en un cúmulo de problemas; precisamente cree que esos problemas justifican el que beba (mito que ha popularizado la malograda práctica de 'beber para olvidar'), sin darse cuenta de que indudablemente su primer problema es el alcohol que además agrava todos los demás. Esta falta de información es un hecho generalizado que muy a menudo trasciende a determinados sectores del sistema sanitario, lo cual dificulta en gran medida un diagnóstico y programa de desintoxicación adecuados.
Por estas razones, la intervención de una clínica especializada en el tratamiento de las adicciones resulta de vital importancia en el proceso de rehabilitación del alcohólico.
INDICIOS
Existen algunos indicios asociados a la adicción al alcohol que deben ser tenidos en cuenta:
El test CAGE, de uso muy común es un autodetector muy fiable, que plantea las siguientes cuestiones:
EFECTOS Y CONSECUENCIAS
En un primer momento se produce sensación de euforia y desinhibición de la conducta y emociones, con repercusiones en el área sexual y de la agresividad, seguidos de sueño y cansancio.
Produce visión borrosa, pérdida de la capacidad de autocontrol, lenguaje farfullante, descoordinación psicomotora y deterioro de la atención, memoria y concentración.
También provoca deterioro de la capacidad de juicio y de percepción de riesgo y falsa sensación de seguridad.
La ingesta de dosis importantes de alcohol provoca intoxicación aguda o borrachera, acompañada de náuseas y vómitos. En ocasiones, el consumo abusivo de alcohol se acompaña de pérdida de conciencia y coma etílico.
En cuanto al comportamiento el consumo excesivo de alcohol está relacionado con el 50% de los accidentes de tráfico mortales, el 15-35% de los accidentes de tráfico con heridos graves, el 30% de los accidentes laborales y el 40% de los actos delictivos.
El efecto más notable son los cambios de personalidad según se esté o nó bajo los efectos del consumo.
Las consecuencias del consumo crónico afectan todo el organismo, particularmente el hígado pudiendo llegar a la cirrosis.
Las consecuencias a nivel cerebral se perciben en desorientación, pérdida de memoria, ideas persecutorias, etc.
El alcohol (etanol) es una sustancia tóxica que daña todos los tejidos corporales. La afectación comienza por su vehículo de absorción que es el aparato digestivo.
Desde que entra en contacto con la mucosa bucal, esofágica y gástrica la afectación puede ir desde las obvias acciones irritativas (estomatitis, esofagitis, gastritis) hasta favorecer la aparición de cáncer en estos distintos niveles del aparato digestivo. Al llegar al hígado, órgano encargado de su transformación en sustancias inocuas, ya que el alcohol no se elimina por el riñón, si la cantidad ingerida excede su capacidad de transformación, comienza el proceso de inflamación hepática llamado hepatitis alcohólica. Consiste en un proceso de destrucción del tejido hepático que ocasiona la liberación a la sangre de los fermentos contenidos en los hepatocitos, que son las transaminasas. Por eso aumenta el nivel de éstas en sangre, lo que nos indica que existe una hepatitis alcohólica.
Si este proceso de destrucción hepática continúa, el hígado se va fibrosando perdiendo su estructura 'filtrante' y convirtiéndose en un órgano cada vez más atrofiado que impide que la sangre lo atraviese con facilidad. A este hígado enfermo se le da el nombre de cirrosis hepática. Ese aumento de la presión de la sangre produce dificultades de la circulación que ocasiona consecuentemente la dilatación de las venas del esófago, las llamadas varices esofágicas y la salida del agua de los vasos de la zona abdominal, con lo cual se hincha el vientre de una forma particular denominada ascitis, que no se debe confundir con el abdomen graso de los obesos.
Todos estos síntomas de cirrosis son muy graves y son tratados en los Servicios de Digestivo en los Hospitales Generales. Afortunadamente el hígado tiene una gran capacidad de recuperación 'si no se vuelve a beber' nunca más. Por eso es fundamental que todos esos pacientes al salir del hospital sean derivados a los programas de deshabituación para poder ayudarles al cumplimiento del objetivo básico de la abstinencia.
La cirrosis alcohólica es una de las principales causas de muerte en nuestro país.
Otro órgano importante del aparato digestivo es el páncreas. Es bien conocido que el exceso de alimentación acompañado del exceso de alcohol puede precipitar un ataque de pancreatitis aguda. Es un cuadro grave que también aconsejará obviamente, el inicio de un programa de deshabituación después de haber superado la complicación orgánica que será tratada en el Hospital General.
TRATAMIENTO DEL ALCOHOLISMO
INTRODUCCIóN
'Ser' alcohólico consiste esencialmente en un trastorno de la personalidad y esto no tiene nada que ver con 'estar' alcoholizado, que es un problema del organismo.
La adicción es, pues, una enfermedad psicológica, cuya principal característica es la pérdida de control sobre el comportamiento de consumo y el progresivo deterioro en su personalidad.
Afloran sentimientos de culpa, se recurre a la mentira, se pierde la objetividad... todo ello se traduce en un malestar creciente y obsesivo que lleva a aumentar el consumo, poniendo en crisis la propia integridad y la de las personas más cercanas.
EL TRATAMIENTO
Es básico y fundamental lograr un diagnóstico precoz que posibilite el tratamiento antes de que el proceso llegue a estadios más avanzados.
Generalmente los síntomas son de carácter psicológico y social en los estadios tempranos, apareciendo la patología orgánica más tardíamente.
El adicto por regla general no reconocerá el problema hasta que éste le haya causado un daño muy evidente y muchas veces irreparable. Sólo pedirá ayuda por si mismo cuando se encuentre completamente desahuciado.
Es por esta razón que la familia juega un papel fundamental. Obtener una información correcta y ajustada sobre la enfermedad capacitará al familiar para ir adoptando una actitud firme y coherente ante el enfermo que obligue a éste a asumir la responsabilidad de su salud. Aún en caso de tener que forzar el inicio del tratamiento conviene hacerlo cuanto antes, pues la información que el enfermo irá recibiendo sobre el problema y sobre si mismo le ayudará a superar en menos tiempo el mecanismo de negación.
EL PROGRAMA TERAPéUTICO
El tratamiento consiste en un programa de actuaciones con unos objetivos, medios y plazos para su realización. El objetivo general es la deshabituación al consumo, aprender a vivir sin alcohol.
Por ello hablamos de un programa de deshabituación, es decir, de identificación de aquellos hábitos que se han desarrollado con la enfermedad, y contribuyen a mantenerla, y cambio por antiguos o nuevos hábitos sanos que posibiliten la recuperación de una vida personal, familiar, laboral y social satisfactorias, proceso que se sustenta en la psicoterapia individual y de grupo.
Además de la abstinencia, condición necesaria para la recuperación, se persigue lograr un compromiso personal y de vinculación con el tratamiento, el terapeuta y el grupo terapéutico. Este nivel de implicación viene dado por un buen conocimiento y comprensión de la enfermedad y de los propios rasgos de personalidad, así como la posibilidad de abordar las circunstancias familiares que acompañan a la adicción.
EL ALTA
El alta implica haber logrado reconocer, asumir y aceptar el problema, haber identificado los aspectos patológicos de la propia personalidad y aprendido a corregirlos, volver a hacerse responsable de uno mismo y de las propias relaciones familiares, laborales y sociales, y por encima de todo haber tomado conciencia de que lo conseguido hasta ahora y todo lo que hay por hacer es absolutamente incompatible con el consumo de alcohol.
CONSECUENCIAS DEL ALCOHOLISMO EN LA FAMILIA
Es muy habitual que ante la frustración, impotencia e indefensión que genera el fenómeno del alcoholismo en el seno de la familia, se produzca una pseudoadaptación que puede mantenerse durante años, amparada en un mecanismo de negación.
Se debe tener en cuenta que el alcohol anida en la familia de forma progresiva.
En un primer momento el alcohólico es capaz de justificarse y convencer a sus familiares de que su consumo es algo circunstancial y prescindible, sin embargo pronto las tensiones se multiplicarán hasta que finalmente se consolida la desorganización y la carga emocional negativa arrastra a toda la familia.
Tal situación genera conflictos muy significativos. En el caso de menores con padres dependientes se observan desviaciones en el desarrollo de la personalidad tales como inseguridad, agresividad, ansiedad, miedo o baja autoestima. Otro hecho muy frecuente es la 'dependencia emocional' entre familiares lo que da lugar a una co-adicción, muy común en la pareja o entre padres e hijos.
ALCOHOL Y JOVENES
Un 75% de los jóvenes son consumidores de alcohol, y un 40% lo hace de forma habitual los fines de semana. Además de existir un marco cultural propicio que refuerza el consumo, existen otros factores que favorecen el abuso de alcohol en los jóvenes y un inicio temprano, como son la permisividad creciente en las familias, circunstancias personales que puedan inducir al consumo y la necesidad de identificarse con un grupo de iguales e integrarse en él (en busca de novedades, diversión, acercamiento al otro sexo, etc.)