Adicción al alcohol
El alcohol es la droga occidental de toda la vida. Sidra, cerveza, vino
o bebidas destiladas, que se beben en botellas, jarras, vasos o copas
(en función de la graduación alcohólica de la bebida
respectiva) componen la múltiple oferta de esta sustancia que produce
un daño social muy superior al de todas las demos drogas juntas.
Pero como todo el mundo bebe es muy difícil que un alcohólico
pueda reconocer su problema.
A los demás adictos se les ve en seguida: ciento es que la fase
de negación de la enfermedad se presenta en todas las adicciones.
Pero es evidente que un consumidor de cocaína o de heroína
o de juego, por poner algunos ejemplos, alcanza a ver su problema mucho
antes que un alcohólico. De hecho, la mayoría de los enfermos
alcohólicos se mueren en los hospitales de enfermedades consecuentes
a su alcoholismo (cirrosis, pancreatitis, accidentes, etc.,) sin haber
reconocido nunca que son alcohólicos. Sólo una minoría
de estos enfermos consigue hacer, en algún momento de sus vidas,
un tratamiento adecuado de su adicción al alcohol. Es una situación
o estado de cosas absolutamente trágica. Tiene muchas más
probabilidades de acceder a un tratamiento de deshabituación un
toxicómano que un alcohólico.
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